Elecciones y estado de la democracia en el Perú: a propósito de los resultados de la primera vuelta
- Israel Lira

- hace 4 días
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Actualizado: hace 2 días

El Perú vivió uno de los procesos electorales más complicados desde, tal vez, las elecciones de Febrero de 1990, donde en similar situación los electores peruanos tuvieron que enfrentarse a una cédula de votación de casi medio metro.
Ya en otros espacios, denunciamos que la calidad de la democracia no significa cantidad sino calidad de partidos, pero en el Perú actual (caracterizado por una pobre institucionalidad democrática como rezago de la arquitectura política del Decenio Fujimorista), la estabilidad y el crecimiento económico sostenido –que tampoco es ajena a críticas en torno a la planificación del desarrollo– no ha ido de la mano de la mejora del sistema político, y esto se ha reflejado en una proliferación de diversidad de ofertas políticas y en un incremento de partidos que lejos de promover la estabilidad, llaman a la confusión del electorado. Ante la imposibilidad de los partidos por establecer alianzas coherentes y sostenibles frente a la crisis de inseguridad ciudadana que vive el país, caracterizada por el incremento de las extorsiones tanto a personas sin negocio como a pequeños empresarios peruanos.
Lo anterior es muestra del grado de fragmentación política de la sociedad peruana, y la cantidad de partidos que ha generado que haya treinta y cinco candidatos presidenciales para esta primera vuelta, expresión inequívoca del estado penoso de nuestro sistema de partidos, y por ende, el estado debilitado de nuestra democracia. Esta situación también se evidencia en las estadísticas nacionales, por ejemplo, en el último Informe Semestral del Instituto Nacional de Estadística e Informática – Inei sobre Percepción Ciudadana sobre Gobernabilidad, Democracia y Confianza en las Instituciones: Julio-Diciembre 2025, se precisa que, respecto de la percepción sobre el funcionamiento de la democracia en el Perú, el 76.2% de la población opina que la democracia en el Perú funciona mal o muy mal, y dentro de las razones por las cuales se considera que es así, el 89.4% señala que se debía a los políticos.
Tenemos con ello un correlato empírico sobre la evidente necesidad de mejorar la calidad de la política y de los políticos, así como también la necesidad de adoptar un enfoque nacionalista y soberanista de la democracia asociado a factores cualitativos (calidad) y en ese sentido, abandonar la figura de la democracia liberal asociada con factores cuantitativos (cantidad) y cuya aplicación al contexto peruano, pero también Hispanoamericano, a probado ser un fracaso total, al propiciar la formación de lo que el General del Ejército Peruano y Ex Ministro de Guerra Edgardo Mercado Jarrín (1919-2012) llamaba Democracia de Baja Intensidad, en alusión a un sistema político donde existen instituciones democráticas formales, pero que carecen de sustancia real, caracterizado por el debilitamiento de derechos sociales, clientelismo, alta desafección ciudadana y una fuerte influencia de las oligarquías, resultando en un gobierno "procedimental" que no responde a las demandas populares, básicamente, una lectura aún vigente del estado de la democracia peruana contemporánea.
Ahora, pasando a los resultados de esta primera vuelta, era previsible que el Perú luego de haber elegido a una opción de izquierda, materializada en Pedro Castillo, y que esta se haya mostrado no haber estado a la altura de las demandas populares, y no haya sabido contrarrestar la presión de los grupos de poder económico y de los partidos de derecha ligados a estos, por claras deficiencias en la conducción política y la gestión pública que devino en el posterior encumbramiento de lo que para muchos ciudadanos peruanos fueron unos simples arribistas, en alusión a Dina Boluarte y a José Jerí luego; era de esperarse que se cumpliera la premisa de la parábola del péndulo peronista, y hubiera un giro a la derecha. Y es por ello que los partidos de izquierda han sido los más castigados por el voto popular en estas elecciones, y los partidos de derecha los más beneficiados. Razón por la que veremos posiblemente a dos populismos de derecha (entre Fuerza Popular de Keiko Fujimori y Renovación Popular de Rafael López Aliaga) enfrentarse en la segunda vuelta. Al menos todo indicaría ello, con los resultados cerca al 80% de actas contabilizadas hasta el momento. Una segunda vuelta entre Keiko Fujimori (la hija del fallecido dictador neoliberal Alberto Fujimori) y Rafael López Aliaga (llamado alguna vez el Bolsonaro peruano, pero por la venida a menos de Bolsonaro, ahora reinventado como el Trump peruano). Sin embargo, aún los resultados definitivos son inciertos, por lo que habrá que esperar al conteo final de actas, ya que detrás de López Aliaga hay dos candidatos de izquierda que se disputan el segundo lugar también.
En todo esto, hay una referencia histórica a tener en cuenta para el análisis, y es que, de los procesos electorales en donde Keiko Fujimori a participado (2011, 2016, 2021), y dado la constante del fuerte anti fujimorismo en el Perú (por representar, para un sector importante de peruanos, la encarnación de la institucionalización de la corrupción en las altas esferas del poder, y por ello), hasta la fecha Keiko no ha podido ganar ninguna elección presidencial, en lo que ya sería su cuarto intento en esta oportunidad.
Sin embargo, la paradoja del Fujimorismo en el Perú solo puede entenderse por la necesidad de la población peruana de buscar un Inca, es decir, un líder fuerte y autoritario, y por ello es que los presidencialismos son la figura más característica de la política peruana, en lo que el sociólogo e historiador peruano Alberto Flores Galindo (1949-1990) llamaba el Utopismo andino. Razón por la cual el legado del Fujimorismo aún causa adhesiones y rechazos que se extreman en tiempos de crisis, y lo que explica por qué el Fujimorismo ha logrado mantener, desde el término de la Dictadura Fujimorista (1990-2000), una cuota importante de poder en el Congreso de la República hasta nuestros días, al haber sabido aprovechar los réditos políticos derivados del ensalzamiento cuasi mítico de la figura de mano dura de Alberto Fujimori, frente a la hiperinflación y la lucha contra grupos terroristas de izquierda en la década de los 90´s, obviando o minimizando en su narrativa, los escándalos por corrupción vinculados a las privatizaciones de empresas públicas y al tráfico de influencias a través del Servicio de Inteligencia Nacional operado por Vladimiro Montesinos, mano derecha de Alberto Fujimori. En el Perú, a diferencia del escenario identitario europeo, no hay derechas no liberales. Todas las derechas peruanas son próximas a principios y prácticas neoliberales de gobierno.
Mientras Keiko para muchos significa (y es en efecto) continuismo neoliberal (ya que para el Fujimorismo es impensable realizar cambios al Capítulo Económico de la Constitución de 1993 dictada durante el Decenio Fujimorista), otros ven a Rafael López Aliaga, independientemente de su identidad partidaria como humanista cristiano, como un reformista neoliberal, no solo por su frase de campaña «Los Pobres son Primero» sino porque el mismo López Aliaga precisó (La Razón, 2020) que si bien su propuesta en lo económico parte del modelo neoliberal vigente, reconoce la necesidad de cambios. Como vemos, si bien hay diferencias en el método, fuera de ello son propuestas secantes, ya que el Fujimorismo también siempre se ha dirigido a los pobres con un discurso paternalista, legado de las políticas sociales de Alberto Fujimori. Por lo que la diferencia reside en las organizaciones que lideran.
Fuerza Popular fue fundada en 2011, y lleva ya 15 años en la política nacional, con muchos cuestionamientos tanto a su lideresa como a la propia organización política, por corrupción y tráfico de influencias. En cambio, Renovación Popular es un partido relativamente nuevo fundado como tal en 2020, y si bien López Aliaga tampoco a sido ajeno a controversias vinculadas al manejo de su fortuna personal, su organización política en si no se ha encontrado vinculada, por el momento, a investigaciones penales. Solo el tiempo dirá si, de forma similar como pasó con el intento fallido de renovación de la izquierda con Perú Libre y Pedro Castillo, ante el desgaste de las propuestas de las izquierdas peruanas; si en la otra orilla del espectro político, Renovación Popular de Rafael López Aliaga, significará el intento de renovación del discurso de derecha popular reformista en el Perú, ante el desgaste del discurso fujimorista. Sea como fuere, aún el Perú no puede romper el ciclo de continuismo neoliberal que la población demanda, siendo esta una tarea pendiente de las siguientes generaciones de políticos jóvenes que, en estas elecciones, si bien están por debajo del 5% de votos válidos, han sentado un precedente de esperanza en una renovación futura con la mayor participación de otras opciones políticas alejadas de los partidos que ya han tenido su oportunidad en el gobierno.




